Celeste

Las Historias que me guardo para mí

2 de septiembre - 2 de diciembre, 2023

Estamos entrando al espacio celeste.

¿Vienes?

El encuentro es lo imprevisible mismo1. La tensión amoral que produce la proximidad de un cuerpo ante el otro.

No la tentación de una idea que puede sintetizarse con otra, sino el ojo convertido en piel, sin dejar de lado su capacidad de capturar y decodificar imágenes. El tacto rompe el dualismo: “esto aquí y aquello allá”. Tocar perturba la conceptualización de las vivencias que hacen de ellas ideales fijos.

Maraña. El ojo en tanto piel. Tocar una superficie, recorrerla. Detectar las alianzas entre mirar y tocar es entonces una pista para relevar y trazar escapadas a la manera hegemónica de mirar. Más que hacer jugar uno en contra del otro, registrar todas las veces que están el uno contra el otro, tocándose y apoyándose el uno al otro . 2

El tacto segrega espacio.

Espacio que sólo existe como efecto de la articulación.

Los fondos de estas pinturas son pervivencias de las superficies bizantinas que se sostenían, capa sobre capa, sobre el dorado infinito.

Si la idea un espacio divino que aglomera el todo se ha roto, ¿Cuál es la superficie actual que permite el contacto?

En Celeste, la piel. Humana y no humana.

Dedo cometa, lienzo cortina, pliegue y red.

El encuentro guarda un enigma. No sólo la imposibilidad de definir qué sustancia sostiene a las formas, también el pliegue.

Sobre el fondo infinito, las formas toman cuerpo: volumen efecto de capa plisada sobre otra.

Cicatriz que también es montaña, astro, órgano y sedimento de charco pigmentado.

No hay funciones determinadas, sino cuerpxs que se abren a la extrañeza de otrxs cuerpxs. El bulto hinchado invita al ojo –que se ha desplazado a la mano– a acariciar.

La tensión entre los elementos produce sombras. El empalme ensambla la escena.

Tacto sobre tacto, el tiempo pasa. La complicidad invita al movimiento: el desencuentro es otra forma de encuentro.

El revés de la tela, su posibilidad de cobijo y toldo.

Las complejidades que cada superficie resguarda y lo que de ellas se revela como intuición.

Pinturas preparadas para una escena en la que ciertos componentes son identificables, mientras que otros se sostienen como vibraciones: cromáticas, sentimentales, preconceptuales. Un ambiente compartido tejido con experiencias propias.

Las historias que me guardo para mí.

Una red es un circuito de posibilidades y una trampa.

La llegada es la salida. La frontera, el umbral de paso. Todo a la vez.

Las fuerzas nunca están solas, actúan en tanto sus fuerzas contrarias.

Hablamos de separación: tomar distancia prepara la constelación que viene.

Aquí, la repetición genera singularidad y no rutina.

Acordamos hacerlo distinto.

Sandra Sánchez

Celeste

(Guadalajara, 1988)

(Ciudad de México, 1983)

Celeste es un dúo de artistas conformado por María Fernanda Camarena y Gabriel Rosas Alemán. A través de la incorporación de diversos medios y disciplinas en su práctica, Celeste conduce una negociación que se expande concéntricamente para ir incorporando paulatinamente a otros colaboradores y espectadores en la dinámica de intercambio. La intimidad de lo cotidiano se transpone en el contexto expositivo, desdibujando las estructuras ordinarias de cómo debe de apreciarse una obra de arte o cómo puede ser utilizado el espacio en un museo o una galería, a través de momentos transitorios de proximidad y familiaridad. Celeste comienza en 2020 con la exposición homónima en el Museo de Arte de Zapopan, Guadalajara, México.


Guadalajara, 1988)

(Mexico City, 1983)

Celeste is an artist duo comprised by María Fernanda Camarena (Guadalajara, 1988) and Gabriel Rosas Alemán (Ciudad de México, 1983). Through the integration of diverse media and disciplines in their practice, Celeste conducts a negotiation that expands concentrically in order to gradually encompass other collaborators and spectators within the workings of an intimate exchange. The exhibition space is transposed by the closeness of daily life creating transient moments of proximity and familiarity, blurring the commonplace structures that define how an artwork must be appreciated.

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